El Chapo de Sinaloa

Ernesto Pérez, mejor conocido en el ambiente artístico como “EL CHAPO” nació en Badiraguato, un rincón del bello estado de Sinaloa. Creció al lado de su familia y de la armoniosa música de la banda tradicional Sinaloense con el clásico sonido del trombón, clarinetes y la tambora; la música que identifica a ese bello estado de la República Mexicana y que ha influido en su carrera totalmente.

Como casi todos los niños de esa región “EL CHAPO” soñaba con ser integrante de una banda, comenzó a cantar líricamente y a tocar el clarinete, uno de sus instrumentos preferidos que poco a poco perfeccionó, alternando esta actividad con las del campo, pues siempre ha tenido una gran afición por los caballos, pero debido a su corta edad, su abuelo sólo le permitía montar un burro de su propiedad y le decía: “Es peligroso, Chapo, espera a que crezcas y entonces sí montarás un buen caballo”, Desde entonces el sueño de Ernesto fue montar sus propios caballos, adiestrarlos y cantar al mismo tiempo.

La historia del CHAPO (como cariñosamente lo llamaba su familia) inicia cuando apenas tenía 11 años, siguiendo un largo proceso, con esfuerzo, estudio, dedicación y el firme propósito de alcanzar sus sueños.
Comenzó grabando en compañías pequeñas hasta llegar a grandes firmas. Este proceso le llevó 15 años, lapso en el cual ha realizado más de 20 producciones y cosechado el cariño del pueblo, que es su mejor recompensa y alimento.
Luchando constantemente EL CHAPO ha desarrollado y solidificado una ascendente carrera artística que lo mantiene vigente en donde quiera que él se presenta, identificándose con su público como un cantante sencillo, humilde, original, versátil y muy profesional.

Si bien es cierto que EL CHAPO admira y reconoce la labor de grandes artistas como Antonio Aguilar y Joan Sebastian que se han desarrollado exitosamente en los jaripeos, pero él sin imitar y a su estilo, propone su propio espectáculo para los jaripeos, con sus inigualables canciones, la banda, sus caballos de alta escuela, el sentimiento y entrega que imprime en cada actuación, logrando convertirse en “El número uno de los Jaripeos”, nombramiento que le ha otorgado su publico. Para Ernesto esto implica una gran responsabilidad como artista y como hombre, porque el jaripeo encierra una tradición mexicana que él no defraudará jamás. “Quizá nunca me verán vestido a la usanza del charro porque esa no es mi personalidad, pero que respeto y sé representar esa tradición con honor y orgullo, que nadie lo dude”, dice Ernesto.
Así como ha crecido su destreza con los caballos, su carrera musical también está llegando al sitio que él se propuso desde niño. Como todo buen cantante ha ido alternando temas de otros compositores con los suyos propios, impregnándoles a todos un sello distintivo.

EL CHAPO es una persona de palabra e ideas claras, perfeccionista con su persona y más si se trata de su show, nunca escatima en gastos, trabajo o esfuerzo, es un hombre tenaz y de principios. Su sensibilidad la transmite componiendo, una de sus más grandes cualidades.
“Para componer, tomo algún pasaje de la vida cotidiana, pero lo que verdaderamente me inspira es la mujer y mis temas lo demuestran, para mí la mujer es lo que mueve al mundo, si no fuera así no existiríamos ni lucharíamos por tener a nuestro lado ese ser que Dios creó para nosotros los hombres. Las mujeres son lo más bello de la creación y con todo el respeto que ellas se merecen, les digo que al ver una mujer siento como si me estuviera cayendo el jugo de un limón en la boca, son las rosas de los jardines”, asegura emocionado.